Lo que el verano nos dejó (Up)

28 junio 2009

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(Esta reseña contiene spoilers)

Pixar. Una garantía. Boletos bien gastados. La gigantesca convocatoria que el museo MARCO había conseguido a los pocos días de que la exposición Pixar: veinte años de animación se encontrara en su recinto, es el claro ejemplo de que lo que produce Pixar es sinónimo de éxito. Esperadísima desde principios de este año y mínimamente promocionada en la muestra antes dicha.

Up nos narra la historia de Carl Fredricksen, un vendedor de globos ya anciano, que lucha por la no destrucción de su casa —el hogar de toda su vida—, por parte de una compañía que construye rascacielos. Un día tiene la brillante idea de marcharse y cumplir uno de los máximos sueños que él y su esposa, de algún tiempo muerta, habían concebido en su infancia: vivir al borde de una cascada en la tierra salvaje de Sudamérica. Pero no se va solo, se lleva también su casa. Haciéndola volar sujeta a millares de globos comienza esta emocionante aventura por lo más alto del cielo.

Todavía no ha comenzado bien el viaje cuando Carl descubre que Russell, un pequeño de 9 años y optimista niño explorador, lo ha seguido y ahora tendrá que acompañarlo hasta el final.

La película tiene una narración cinematográfica hermosa durante la primera parte, y es  que a partir de que llegan a Sudamérica, lo cuál sucede demasiado pronto (uno espera que lo principal sea el transcurso del viaje), se vuelve de alguna manera una película más «normal» o convencional. Es decir, una típica película infantil de animación. Los malos, unos perros capaces de hablar, persiguen a los buenos (Karl, Russell, y una extraña ave que encuentran en la selva), los buenos descubren que apoyándose los unos a los otros pueden salir victoriosos sin importar el peligro. Y final bonito.

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Sin embargo, durante la primera parte asistimos al encuentro de Carl y su esposa, cuando estos eran tan sólo unos niños. Estos pequeños amiguitos pronto se dan cuenta de que tienen un héroe en común: Charles Muntz, un intrépido explorador y cazador que ha viajado a Sudamérica y que ha caído en desgracia, por un supuesto fraude. Los pequeños crecen y se casan. Intentan juntar dinero para cumplir su sueño de la casa junto a la cascada. Por alguna u otra razón siempre tienen que recurrir a sus fondos y nunca logran juntar la cantidad que necesitan. Carl y su esposa, llamada Ellie, llevan una vida feliz a pesar de esto, aunque las cosas se complican un poco cuando descubren que no pueden tener hijos. Es desgarradora la escena en la que un doctor de maternidad niega rotundamente frente a la pareja desolada. Los años pasan y la felicidad no los deja, hasta que un día ya mayores, Ellie se siente mal. Eventualmente muere.

Todo lo anterior se narra con un mínimo de palabras e imágenes impactantes, pero, ¿por qué bajan la guardia los realizadores para la segunda mitad? Mi opinión es que se dieron cuenta de que habían volado muy alto. No se dejaban de escuchar preguntas de los niños más pequeños que asistieron al cine: ¿qué está pasando papá?, ¿por qué está tan triste? Y es que no sólo los temas sino la manera en que eran contados resultaban difíciles de entender para los infantes. Dramática y llena de un contexto totalmente adulto resulta la escena en la que Carl propina un bastonazo en la cabeza del obrero que por accidente le ha pegado su buzón. Un buzón muy querido por Carl. Perritos parlanchines, pájaros de colores, y un Charles Muntz (explorador del que habían sido admiradores Carl y Ellie) que se vuelve un malvadísimo tipo ñaca ñaca, parecen ser el remedio para una película que amenazaba con perfilarse para los no muy niños.

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Cuando Carl, nuestro anciano protagonista, se siente que ha fracasado y solitario a pesar de que ya había logrado su objetivo del viaje: llevar su casa hasta la cascada, encuentra el libro de aventuras que Ellie había hecho en su infancia. En él se da cuenta, al seguir las páginas que nunca se nos habían revelado en la película, que el libro de aventuras se encontraba lleno. Ellie, pese a las dificultades y los sueños no cumplidos, había sido feliz a lado de su esposo. Lo que nos revela la máxima enseñanza del filme: cumplir nuestros sueños es posible, y más aún, a veces podemos cumplirlos sin siquiera darnos cuenta y valorar que ya lo hemos hecho.

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3 Responses to “Lo que el verano nos dejó (Up)”

  1. Alan Says:

    Mismo problema que Wall-e, creo que a distancia siguen prevaleciendo Ratatouille y Buscando a Nemo en esos rankings absurdos que solemos hacer.

  2. Isidro Says:

    Me quedo con los Increíbles y las dos de Toy Story. Si bien Pixar puede cometer sus errores, Mateo tiene razón. Es sinónimo de éxto no sólo comercial, sino en cuanto a que no es el melomano Disney de antaño ni los niños rockstar, su fascista novedad. Como casa productora cumple su cometido: Historias infantiles bien narradas, de gran proeza visual, divertidas y que pueden llegar hasta a conmover.

    ¡Tres hurras por el buen cine comercial!(El único que me gusta a mí; nunca he entendido cómo pueden cargar con su presuntuosidad los aficionados al cine de arte o de culto que no tiene nada que ofrecer).

  3. Alan Says:

    Bueno, pero es que las películas comerciales es lo único que se puede ir a ver al cine. En todo caso, yo digo tres hurras por el cine en general, que igual ahorita quiero ver la nueva de terminator que la nueva de greeneway, aunque me cague ese wey.


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