Del otro lado del espejo
Por ahí de octubre del año pasado, hice un loquísimo viaje a la capital que tuvo una breve escala en Puebla. Recuerdo que, entre otras cosas, cuando iba en uno de esos simpáticos camiones de dos pisos que recorren la ciudad para que los turistas sepan que a su derecha está un monumento feísimo a algún procer y a su izquierda está la catedral toda impresionante, pasamos frente a un museo, el guía seguramente dijo algo como: éste es el Museo Amparo que recoge actualmente Lágrimas negras, una muestra del arte de Betsabeé Romero. Realmente en ese momento no ponía mucha atención, en realidad me encontraba viendo una instalación que cruzaba la calle por la que iba el camión y que consistía en un montón de zapatitos negros colgados de cables a modo de metrónomo musical.

Cuadrícula en cautiverio
Meses después, la muestra de Betsabeé Romero llegó a Monterrey. Espejos retrovisores, ventanas de vochos, pintura metálica y llantas, sobre todo llantas, son los materiales que la artista usa para crear sus instalaciones. Son materiales poco comunes, pero que adquieren su mayor relevancia cuando notas que a lo largo de una llanta de la Goodyear se extiende un grabado floral que más recuerda a las ilustraciones de un libro de cuentos mexicanos que a la fría y gris goma de los miles de autos de la ciudad. Las llantas se convierten en un escaparate de la idiosincracia local, esa que nos recuerda a las pláticas de taxistas, a las vulcanizadoras de mecánicos con panzota o a señoras con una bolsa de mercado.

Pan es destino
Son los contrastes que surgen entre los materiales y lo que representan lo que le da un sentido al arte de Betsabeé Romero. Así, las fotografías en que vemos a un montón de vochitos circular por un lago de flores que podría estar en cualquier plaza del país, los autos tunneados con bosques o subibajas en sus capotas o los exvotos pintados en cofres de Volkswagens nos remontan a esa aldea global que a México llegó en calidad de ruina y que se mezcla con las costumbres locales, con los puestos de quesadillas, con lo cursi del día de la madre, con los espejos retrovisores forrados con peluche y las flores, sobre todo las flores.

Como un jardín en un pajar

La muestra Betsabeé Romero: Lágrimas negras permanecerá en MARCO hasta septiembre de 2009.

Todas las imágenes fueron tomadas de Arte-México.

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